En un restaurante la decoración suma mucho, pero está claro que no lo es todo. El gasto excesivo en la decoración de la sala (y no en la cocina) ha hundido a más de un empresario en la miseria, cuando creía que los clientes vendrían simplemente por el diseño del local.
Confiemos, de todas maneras, que éste no sea el caso de L'Adilà, aunque pueda parecerlo.
L'Adilà está situado en la calle Llacuna, en el barrio del Poble Nou (ahora, más fashion, 22@), cerca de la rambla del mismo nombre. Está situado en una zona de muy poco movimiento, en el límite entre el barrio y la zona de naves, fábricas y almacenes que históricamente habían ocupado esta zona de la ciudad.
El local es de lo mejorcito que uno puede encontrar en la zona, con espejos gigantes, lámparas acandelabradas, frescos por doquier, combinaciones de madera y cristal y hasta un horno en medio del comedor que, por los comentarios de la web, calienta en exceso la sala.
No fue el caso de la noche que fuimos nosotros ya que en toda la noche (fuimos pronto y nos marchamos tarde) sólo se ocuparon 2 mesas, con 2 comensales en cada una de ellas. Aunque era un día entre semana el resultado económico de la noche se me antoja un poco decepcionante.
Con apenas esas dos mesas el servicio, esa noche, fue excepcional, con un camarero italiano atento y servicial que tras invitarnos a dos copas de lambrusco supo orientarnos correctamente hacia platos que, por desgracia, no estuvieron a la altura de la recomendación.
La carta es variada sin ser excesivamente extensa y contiene lo que uno espera encontrar en la oferta de un restaurante-pizzeria italiana: antipasti, pastas, rissotos y el clásico surto de pizzas. Bien presentada fallaba en lo más importante: los platos. Según nos dijo el camarero esa misma noche la estrenaban y, vaya qué cosas que pasan, resulta que la pasta con gambas no se podía pedir porque no les quedan gambas. Mala suerte, tuvimos que cambiar de plato... empezaba bien la noche.
Tras el susto inicial nos decidimos por compartir de primero un pincho gigante (era eso, no sé cómo lo llamaban) de tomate con mozzarella de buffala muy bueno, con un queso muy suave y unos tomates en su punto. Todo acompañado con un surtido de panes recién calentados.
Los segundos no fueron tan exitosos, la elección fueron unos tagliatelle artesanos bastantes buenos pero un risotto que fue un pequeño fracaso, con un arroz duro acompañado de un XXXX que lo superaba en robustez.
En los postres la variedad era mínima (5 ó 6 postres típicamente italianos) por lo que nos decantamos por las bolas de helado, que, aquí sí, estaban bien elaboradas.
Al final, como no podía ser de otra manera en un restaurante italiano, nos cobraron el cubierto (1 €, podía haber sido peor) pero nos aplicaron el 20% de descuento por haber reservado vía Atrápalo.
Precio (con vino, cafés y 20% de descuento): alrededor de 23 € por persona
Puntuaciones (entre 0 y 5):
Enclave: 2
Sala: 5
Comida: 2
Servicio: 5
Precio: 3
Valoración final (entre 0 y 5): 3
Dirección:
C/ Llacuna 106
08018 Barcelona
Teléfono:
934 856 461
Web:
http://www.laldila.es